martes, 28 de octubre de 2008

Crisis financiera

Esta crisis financiera en la que ya voy perdiendo más del 40% de mis ahorros y de mi fondo de jubilación me lleva a la siguiente reflexión: ¿No es acaso una gran oportunidad para que nos detengamos por un momento a pensar y pongamos nuestra cabeza en orden? Vamos por partes. Yo tenía mi platita en una cuenta de ahorros que ganaba un mísero interés y mi fondo de pensiones en el fondo 1, que es el más conservador y seguro. De pronto me enteré de que con los fondos mutuos y jugando en la bolsa, la gente estaba doblando su capital. Plata fácil, pensé. Vamos a por ella. Soy astuta y haré una movida maestra. Bastó que procediera y cambiara mis cuentas para que todo comenzara a irse al diablo y empezara la debacle en la que estamos ahora. No me importó que alguien me advirtiera que las ganancias exageradas venían de la venta de minerales ( y lo que eso significa para el medio ambiente y los sufridos mineros). Tampoco me interesó que la especulación no tuviera un auténtico respaldo en lo que ahora oigo llamar la "economía real". Siendo habitualmente cauta y conservadora jugué a la liberal osada y ahora lo estoy pagando. ¿Para esto me esforcé por años? Dejé de comprarme cosas que me gustaban, no hice los viajes que soñé, les dije mil veces no a mis hijos cuando me pedían algo. ¿Dónde está ahora esa plata que mi AFP sigue descontando implacablemente cada mes? Si lo veo así me rebelo, claro. Me desespero también, me jalo los pelos, evado los puentes por no sufrir la tentación de lanzarme de uno de ellos. Pero hay otra manera de verlo: la vida es corta, no vale la pena ser tan previsor ni tan responsable, lo que hoy nos parece sólido como una roca mañana puede escurrirse entre las manos o volar por los aires. La verdadera riqueza no es la plata, que se esfuma como el humo. La ilusión del progreso, del crecimiento, de la riqueza no es nada si no está sustentada en la realidad tangible. Y las crisis, son definitivamente oportunidades. La oportunidad de dejar la vanidad, la tontería, la superficialidad. A fijarnos y ocuparnos de cosas que de verdad valgan la pena.