Todos los plazos se cumplen y las esperadas vacaciones de verano, que al empezar parece que serán eternas, un día llegan también a su fin y nos toca volver a la rutina de despertar temprano, demasiado temprano (5.30 a.m) y retomar el ritmo y el afán del trabajo intenso.
A mí, la verdad, mi trabajo me encanta. Y felizmente que es así porque ya llevo cerca de 40 años trabajando como maestra. Empecé cuando estaba en los últimos años de secundaria, dando clases particulares. Seguí luego de profesora de inglés en un instituto de idiomas, hice una ayudantía en una universidad del extranjero mientras seguía cursos de posgrado, luego fui jefe de prácticas en mi universidad al tiempo en que me inicié como profesora en el mismo colegio en el que trabajo hasta ahora.
Este asunto de enseñar para mí se resume en lo siguiente: no subestimes la capacidad de tus alumnos. Para que los chicos aprendan tienes que encandilarlos, hacerlos pensar y fijarte y fijarles metas altas. Aprender con ellos, entusiasmarte con los temas que trabajan juntos y buscar maneras nuevas y creativas de desarrollar las actividades. Pienso que si quiero ganarme el respeto de mis alumnos tengo que partir por respetarlos. Les digo siempre la verdad ( lo que incluye confesarles a veces que no sé la respuesta a sus preguntas) y trato de no hacerles perder tiempo con cosas que no valgan la pena.
Ahora que soy abuela, disfruto muchísimo acompañando a mi nieta en su proceso de descubrimiento y aprendizaje, y nada puede darme más satisfacción que darme cuenta de cómo va relacionando una cosa con otra y como va armando sus saberes. Conmigo ha aprendido muchos cantos, dichos y juegos que vienen de tiempos muy antiguos y que siguen fascinando a los niños. Como a todo niño bien estimulado, le encantan las canciones, los libros y los cuentos y construye, en sus juegos, historias cada vez más sofisticadas. Sabe que a mí me encanta pasar tiempo con ella y estoy siempre lista para servirle el té a la muñeca Fefa, armar el rompecabezas de los cocineros o del elefante, buscar las parejas de animales del juego de memoria o recoger flores o ramitas del parque mientras escuchamos a los pajaritos cantar.
Volviendo al tema del trabajo, si bien las vacaciones son lo máximo, ¿qué sería de nosotros sin el trabajo? y no me estoy refiriendo a la obvia ventaja de que gracias a él obtenemos el dinero que necesitamos para mantenernos. El trabajo nos ordena, nos organiza, nos estimula, nos hace crecer, hace que nos relacionemos con otras personas, nos presenta retos, nos da satisfacciones. Eso sí, es fundamental que lo que sea que hagamos para ganarnos la vida sea algo que nos guste de verdad.
domingo, 8 de marzo de 2009
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