Después de varios días en los que hubo sol, pero igual se sentía frío en la mañana y en la noche, Lima parece estar volviendo a los calores del verano en un fines de mayo en el que tendríamos que estar instalándonos con fuerza en el invierno. Bonito, claro, pero preocupante. Así como es preocupante que las playas de España estén infestadas de malaguas y que los osos del hemisferio norte no hayan invernado. Ahora todos hablan del calentamiento global, de la necesidad de cuidar y proteger la naturaleza, de combatir el efecto invernadero, pero ¿qué hacemos realmente para cambiar el curso de los acontecimientos? No es suficiente crear conciencia si es que eso no va de la mano de medidas concretas. Cada uno de nosotros tiene que entender que la solución no la va a dar el gobierno ni algún organismo internacional que se hará cargo, no sabemos cuando, de enfrentar el problema. La solución vendrá de lo que cada uno haga, por insignificante que parezca. Ya no es asunto de "verdes"a los que miramos con simpatía por idealistas mientras nosotros seguimos con nuestras costumbres contaminantes. Es necesario que entendamos que lo que hacemos no pasa piola, que tiene un efecto y que ese efecto es irreversible.
Salió ayer publicado en la primera plana de El Comercio el resultado de una encuesta aplicada a jóvenes estudiantes que participaron en la CADE universitaria 2007. El 85% de esos jóvenes siente que el Perú está progresando y mira con optimismpo el futuro. Yo que no soy tan joven y que puedo comparar pienso igual que ellos. Venimos saliendo de un montón de años en los que la situación económica fue malísima, la crisis permanente y el ánimo de la gente por los suelos. Una amiga que vive fuera y visita el Perú de tiempo en tiempo me comentó algo que me dejó pensado: Lima ha mejorado muchísimo estos últimos años, está más limpia, más ordenada, no se ve tanta miseria, las personas se visten mucho mejor, se nota mayor dignidad. Eso me impresionó: el asunto de la dignidad. Disfruto mucho ir a un centro comercial y ver a personas de toda clase y condición social accediendo con la misma oportunidad a los productos y servicios. Lo que nos falta mejorar también está en nosotros y en las actitudes que asumimos. El tránsito por ejemplo. Se trata de un poquito de paciencia, tolerancia y de pensar que si respetáramos las reglas y a los demás, los que nos beneficiaríamos seríamos nosotros mismos. ¿ Qué ganas obstruyendo el paso en una intersección con semáforo si adelantas en ámbar en vez de parar y dejar la pista libre para los que ahora están en verde? ¿Crees que porque tocas la bocina el carro que está delante tuyo detenido por alguna razón avanzará más rápido?
¿La vida vale lo mismo para todos?
El hermano de la nuera de la señora que trabaja en mi casa almuerza tranquilo en su casa el día jueves, al rato sale y en el camino hacia el paradero donde piensa tomar su movilidad se encuentra con un vecino suyo en medio de una gresca. Se acerca a ayudarlo, a separar la pelea y de la nada recibe un balazo y luego otro, que lo mata. Tiene 18 años y es una muerte absurda. No es el primer caso de violencia. A menudo Elsa me cuenta de asaltos, de pandillas, de comercializadores de drogas, de los turnos de rondas nocturnas que hacen sus vecinos para combatir estos flagelos. Los "grandes" (así llama ella a los que habitamos los barrios residenciales) tenemos, mal que bien, el serenazgo, la policía, las rejas, los cercos eléctricos. ¿Qué tenía ese joven que salió de su casa en Pamplona Alta el jueves después del almuerzo para no volver nunca más?
domingo, 20 de mayo de 2007
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1 comentario:
muy bonitas tus reflexiones sobre el calentamiento global y la violencia. Estoy deacuerdo contigo!
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