domingo, 8 de marzo de 2009

De vuelta al trabajo

Todos los plazos se cumplen y las esperadas vacaciones de verano, que al empezar parece que serán eternas, un día llegan también a su fin y nos toca volver a la rutina de despertar temprano, demasiado temprano (5.30 a.m) y retomar el ritmo y el afán del trabajo intenso.

A mí, la verdad, mi trabajo me encanta. Y felizmente que es así porque ya llevo cerca de 40 años trabajando como maestra. Empecé cuando estaba en los últimos años de secundaria, dando clases particulares. Seguí luego de profesora de inglés en un instituto de idiomas, hice una ayudantía en una universidad del extranjero mientras seguía cursos de posgrado, luego fui jefe de prácticas en mi universidad al tiempo en que me inicié como profesora en el mismo colegio en el que trabajo hasta ahora.

Este asunto de enseñar para mí se resume en lo siguiente: no subestimes la capacidad de tus alumnos. Para que los chicos aprendan tienes que encandilarlos, hacerlos pensar y fijarte y fijarles metas altas. Aprender con ellos, entusiasmarte con los temas que trabajan juntos y buscar maneras nuevas y creativas de desarrollar las actividades. Pienso que si quiero ganarme el respeto de mis alumnos tengo que partir por respetarlos. Les digo siempre la verdad ( lo que incluye confesarles a veces que no sé la respuesta a sus preguntas) y trato de no hacerles perder tiempo con cosas que no valgan la pena.

Ahora que soy abuela, disfruto muchísimo acompañando a mi nieta en su proceso de descubrimiento y aprendizaje, y nada puede darme más satisfacción que darme cuenta de cómo va relacionando una cosa con otra y como va armando sus saberes. Conmigo ha aprendido muchos cantos, dichos y juegos que vienen de tiempos muy antiguos y que siguen fascinando a los niños. Como a todo niño bien estimulado, le encantan las canciones, los libros y los cuentos y construye, en sus juegos, historias cada vez más sofisticadas. Sabe que a mí me encanta pasar tiempo con ella y estoy siempre lista para servirle el té a la muñeca Fefa, armar el rompecabezas de los cocineros o del elefante, buscar las parejas de animales del juego de memoria o recoger flores o ramitas del parque mientras escuchamos a los pajaritos cantar.

Volviendo al tema del trabajo, si bien las vacaciones son lo máximo, ¿qué sería de nosotros sin el trabajo? y no me estoy refiriendo a la obvia ventaja de que gracias a él obtenemos el dinero que necesitamos para mantenernos. El trabajo nos ordena, nos organiza, nos estimula, nos hace crecer, hace que nos relacionemos con otras personas, nos presenta retos, nos da satisfacciones. Eso sí, es fundamental que lo que sea que hagamos para ganarnos la vida sea algo que nos guste de verdad.

jueves, 5 de febrero de 2009

Vacaciones

No sé si a los demás les pasa lo mismo, pero esto de las vacaciones tiene sus bemoles. Primero las esperamos con ansias y vamos haciendo en la cabeza una larga lista de las miles de cosas que tenemos pendientes y que podremos hacer cuando dispongamos de toooodo ese tiempo libre: Arreglar la casa, ordenar papeles, hacer trámites, visitar familiares y amigos, salir de compras, ir al cine, pasear. En el mejor de los casos, viajar.

Lo últimos días previos a las ansiadas vacaciones son frenéticos. Tenemos horrores que hacer en el trabajo y queremos dejar todo listo para poder relajarnos tranquilos y disfrutar del ocio que se avecina. Llegamos tan cansados al esperado día en que somos finalmente libres, que nos toma tiempo rebobinar, calmarnos y ser capaces de descansar realmente. En mi caso las vacaciones son en época de fiestas de fin de año, así que hasta que no pasa el año nuevo no se puede disponer realmente de un tiempo de paz y tranquilidad.

Bueno, todos los plazos se cumplen y estamos finalmente instalados en ese tiempo mágico en el que al fin dormimos hasta tarde, hacemos lo que nos da la gana y tenemos la oportunidad de conectarnos con nosotros mismos sin presiones ni apuros.

Yo me he permitido este año unos días de ocio total. Lectura en pijama, siestas a cualquier hora, harta televisión, energía cero. Digo que me los he permitido, pero no totalmente, porque los he vivido con culpa. ¿Qué haces que no te ocupas de algo productivo? ¿Y los trámites pendientes? ¿Y los papeles que ibas a ordenar? No has pintado la casa, no lavaste las cortinas, no te has preocupado lo suficiente por renovar tu guardarropa de trabajo ni por mejorar tu apariencia personal. Lo que es peor, no escribiste los cuentos que te habías propuesto ni asististe al curso de budismo que desde hace años planeas llevar.

Pero lo que quiero combatir en verdad es la culpa esa. Que no me moleste. Todo el año haciendo exactamente lo correcto me da derecho a unas vacaciones de relajo total.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

¿Feliz año nuevo?

Es curioso como nos pasamos la vida deseándonos cosas buenas los unos a los otros. Al despertarnos: buenos días, si alguien estornuda: salud, cuando empieza un nuevo año: que seas feliz. No está en nuestro poder, obviamente, garantizarle a nadie que su día será bueno, que no se enfermará, que el año que recibe con entusiasmo le deparará felicidad, pero cumplimos con verbalizar nuestra educada esperanza de que así sea.

El 2009 se vislumbra en realidad como un año complicado. Probablemente la crisis financiera seguirá golpeando, el conflicto entre Palestina e Israel no se solucionará, seguirán muriendo miles de niños en Africa, el calentamiento global nos afectará a todos. De la política interna mejor ni hablar. Para las cosas importantes estamos en manos de unos pocos que fácilmente pueden llevar a millones a la debacle.

Eso sí, para el día a día, y desde nuestra cancha de ciudadanos comunes y corrientes, hay cosas que todos podemos hacer y que pueden significar algo más que los buenos deseos y las fórmulas corteses: Mantengamos el buen humor, la paciencia, la tolerancia, el buen trato entre vecinos. Olvidemos el claxon, los insultos en la calle, las actitudes agresivas por las puras. ¿Qué nos cuesta recoger un papel si lo vemos botado en la calle?

domingo, 21 de diciembre de 2008

Lo que me gusta y lo que no me gusta de la Navidad

Como es evidente por el título, tengo sentimientos ambivalentes con respecto a la Navidad.
Detesto el alboroto, el tráfico, el consumismo compulsivo, los regalos por compromiso, las lucecitas y los adornos que han inundado la ciudad, en una extraña competencia por ver quien pone más papanoeles, renos, arbolitos, nacimientos y hombres de nieve. La gente agitada, nerviosa, estresada y gastando más de lo que tiene.
Me encantan las reuniones familiares y de amigos, la comida, el panetón, el insípido pavo, las frutas secas, las tradiciones que mantenemos religiosamente cada año. Me gusta la cara de los más chiquitos cuando abren sus regalos. Me ilusiona pensar en Paulina y en lo que vamos a divertirnos cuando incorporemos a nuestros juegos de los miércoles por la tarde la ropita nueva de su muñeca Fefa, los mueblecitos de cocina donde prepararemos el té y los bloques del nuevo rompecabezas.

martes, 28 de octubre de 2008

Crisis financiera

Esta crisis financiera en la que ya voy perdiendo más del 40% de mis ahorros y de mi fondo de jubilación me lleva a la siguiente reflexión: ¿No es acaso una gran oportunidad para que nos detengamos por un momento a pensar y pongamos nuestra cabeza en orden? Vamos por partes. Yo tenía mi platita en una cuenta de ahorros que ganaba un mísero interés y mi fondo de pensiones en el fondo 1, que es el más conservador y seguro. De pronto me enteré de que con los fondos mutuos y jugando en la bolsa, la gente estaba doblando su capital. Plata fácil, pensé. Vamos a por ella. Soy astuta y haré una movida maestra. Bastó que procediera y cambiara mis cuentas para que todo comenzara a irse al diablo y empezara la debacle en la que estamos ahora. No me importó que alguien me advirtiera que las ganancias exageradas venían de la venta de minerales ( y lo que eso significa para el medio ambiente y los sufridos mineros). Tampoco me interesó que la especulación no tuviera un auténtico respaldo en lo que ahora oigo llamar la "economía real". Siendo habitualmente cauta y conservadora jugué a la liberal osada y ahora lo estoy pagando. ¿Para esto me esforcé por años? Dejé de comprarme cosas que me gustaban, no hice los viajes que soñé, les dije mil veces no a mis hijos cuando me pedían algo. ¿Dónde está ahora esa plata que mi AFP sigue descontando implacablemente cada mes? Si lo veo así me rebelo, claro. Me desespero también, me jalo los pelos, evado los puentes por no sufrir la tentación de lanzarme de uno de ellos. Pero hay otra manera de verlo: la vida es corta, no vale la pena ser tan previsor ni tan responsable, lo que hoy nos parece sólido como una roca mañana puede escurrirse entre las manos o volar por los aires. La verdadera riqueza no es la plata, que se esfuma como el humo. La ilusión del progreso, del crecimiento, de la riqueza no es nada si no está sustentada en la realidad tangible. Y las crisis, son definitivamente oportunidades. La oportunidad de dejar la vanidad, la tontería, la superficialidad. A fijarnos y ocuparnos de cosas que de verdad valgan la pena.

domingo, 7 de octubre de 2007

¿Qué le pasa a Alan?

Ayer vi a Alan García en la tele despotricando contra "los falsos profetas"que, según él, engañan al pueblo con el cuento de la defensa del medio ambiente y son los enemigos jurados de la inversión extranjera que traerá muchos puestos de trabajo y progreso al Perú. Fue en Piura, donde las comunidades campesinas y los alcaldes regionales están cuestionando a la poderosa minera Majaz, la misma que no ha tenido otro remedio que admitir que ha sido descuidada en el pasado en su trato con las comunidades y en su manejo del riesgo ambiental en sus operaciones. La semana pasada, el presidente llamó perros a los que se atrevieron a cuestionar el rol que jugó Julio Favre al poner a disposición del ejército su fundo en Huaral. En nombre del combate contra la subversión, se realizaron en dicho lugar acciones que han sido consideradas atentatorias a los derechos humanos.

Que se calme, mejor, el presidente y que se preocupe un poco más por defender los recursos naturales y el medio ambiente. También que se concentre en el recojo de escombros y la reconstrucción de la zona afectada por el terremoto del 15 de agosto ( ya son más de 40 días y si te vas, por ejemplo, a Sunampe, te da ganas de llorar de ver cómo sigue todo ahí y la gente está viviendo en condiciones deplorables).

Fui la semana pasada con un grupo grande de gente del colegio en el que trabajo a construir unas aulas provisionales para que los niños de uno de los colegios de Sunampe pudieran volver a clases. Cuando estábamos en eso, llegó una comitiva "oficial"con una señorita del canal de televisión del estado que decía venir por encargo del presidente y que había coordinado con el alcalde para poner en valor la losa deportiva de la municipalidad y crear un ambiente bonito para los niños de la zona, con biblioteca, ludoteca, casita de muñecas y que afirmaba haber coordinado con el IPD para que donaran pelotas y sogas para los arcos.

El alcalde entró en confusión al verse cuestionado, ya que era la misma losa en la que había autorizado la construcción de las aulas provisionales. La señorita se desplazaba rodeada de su seguridad y empezó a preguntar que quién había dado el permiso para esa obra. En un momento dijo, entiendo, todos queremos ayudar, pero tiene que hacerse coordinadamente. ¿Coordinadamente? ¿Así de la misma manera coordinada como no se han recogido los escombros, ni se ha empezado la reconstrucción, ni se han construido las aulas provisionales para que los niños vuelvan ya a la escuela? La verdad que parecía un chiste de mal gusto verla tan arregladita y compuesta, tan sabionda y tan desubicada. ¿Biblioteca y ludoteca cuando no tienes casa, ni colegio, ni trabajo, ni comida y el estado, para variar, no responde?

Y no se vale el cuento de los gobiernos locales son los responsables y son ellos los que deben llevar la voz cantante en la atención a la emergencia. En Sunampe, por ejemplo, donde más del 50 % de la ciudad está en escombros. ¿Qué puede hacer el alcalde? ¿Administrar la miseria?
No se entiende por qué no sale, digamos, el ejército, a recoger los escombros, limpiar la ciudad.
El alcalde debería recibir el apoyo y los medios del gobierno central y organizar a la población, involucrándola en un plan concertado y racional.

Yo creo que el presidente debe dejar de pelear con los que defienden el medio ambiente, los derechos humanos, la dignidad de las personas y concentrar sus esfuerzos en liderar el trabajo urgente y necesario para el verdadero progreso que todos anhelamos.

jueves, 28 de junio de 2007

Juego de niños

-O fául o te tiro una patada, ahora o en el segundo tiempo. Cuando menos lo pienses. ¿Ya, mierda? Y no me da risa.

Son los chicos, jugando fútbol. Me he parado a mirarlos y el flacucho de mi hijo está tirado, inmóvil, en el pasto. Su compañero de equipo es varios años mayor y es el que cuadra a la única niña, que es más recia que los tres juntos. Su hermano espera callado que el partido se reanude.
Se supone que son muy amigos, aquí del barrio. Juegan los cuatro, a veces se les unen los hijos de Vicky o la hermanita de Karina.

Karina es el centro, ella mueve todo el juego, lo manda, lo ordena. Las bravatas de Rodrigo son sólo eso. Ella se ríe. Ella sabe que los tiene pisados. Juega mejor que ellos y decide cuando las cosas empiezan o terminan.

Hubo en tiempo en que me preocupaba la influencia que ella ejercía sobre Juanito. Era su gurú. Eso fue en el verano -ese tiempo eterno y mágico de los niños- Juanito sólo hacía lo que Karina decía, vivía pendiente de ella, soltaba sentencias y opiniones como propias y al momento adivinábamos de dónde procedían.

Eso ya pasó. En época de colegio los horizontes se amplían, hay contacto con más gente, con más cosas, y los niños tienen que aprender a «bailar con su propio pañuelo», a defenderse y a ir forjando su propio yo. Para bien o para mal. Ya no me viene con tantos secretos, ni con planes, ni con cucos, ni con historias de terror. El tiempo disponible hay que usarlo en jugar. Ya no lo alternan con conversaciones. Cada uno desarrolla solo su intimidad y su conciencia.

¿Qué pensarán estos niños cuando cansados en la noche se tiran a su cama a mirar el techo y a esperar que el sueño los gane?

Juanito me dice:

-Yo no sé cómo es la vida de los demás. Solo sé de mi mismo. ¿Cómo será ser otro, mami?

¿Quién de chico no ha pensado eso?

¿Quién de grande no se pregunta por su propia existencia imaginándose lo que hubiera sido si en lugar de uno mismo fuera por ejemplo aquel calvito barrigón que camina por la acera de enfrente?